LA RELACIĆN ENTRE EL OBJETO, EL ENTORNO Y NOSOTROS
- Fernando Rossi
- 26 jun 2025
- 3 Min. de lectura
No recuerdo con claridad cuĆ”l fue el primer objeto que amĆ©, tal vez fue algĆŗn juguete que me dieron mis papĆ”s en Navidad, algo que en ese momento sentĆ solamente mĆo, aunque no sepa por quĆ©. Lo que sĆ© es que, desde ese entonces, los objetos dejaron de ser solo cosas, al menos para mĆ. Pasaron a ser una compaƱĆa silenciosa y testigos de lo que soy y de lo que he sido.
En lo que pasaba el tiempo, y yo crecĆa, aparecĆan y desaparecĆan cosas, pero la constante era un sentido de pertenencia o de identidad, y es que la relación entre los objetos que han pasado por nuestras vidas tiene una forma de integrarse a lo que somos asĆ como las personas. Mucho mĆ”s aquellos que cargan una historia, son los que parecen estar vivos, capaces de adaptarse al paso del tiempo sin perder su esencia. Los que, de alguna forma, se parecĆan a mĆ.
Porque eso es lo que hacemos con los objetos: nos proyectamos en ellos. Los elegimos porque nos vemos reflejados en su forma, su material, su energĆa. A veces sin darnos cuenta. Nos visten, nos rodean, nos arropan. Nos dicen quiĆ©nes somos cuando no lo tenemos claro.
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āLos objetos no nos definen, nosotros nos definimos a travĆ©s de los objetos y el entorno que nos rodea.ā
Hoy que vivimos rodeados de cosas. Cosas útiles, cosas tan estéticas y cosas sin sentido. El diseño contemporÔneo empieza a oscilar entre dos opuestos: por un lado, todo lo producido en masa que cumple una función concreta; y por otro, lo simbólico, lo emocional, aquello intencional. En medio de ambos, estamos nosotros, intentando elegir con qué nos quedamos, decidir que permitimos que nos habite.
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Relación e Historia
La relación entre nosotros y los objetos claro que no es algo nuevo. Desde que estamos en este mundo, las cosas han sido mĆ”s que cosas. Han sido sĆmbolos, marcadores culturales, y puntualmente el archivo humano mĆ”s vasto.
Pensemos, por ejemplo, en piezas precolombinas hechas con cerƔmica, fuera de ser objetos meramente utilitarios o funcionales, son el espejo de motivos, nos enseƱan todo un sistema de creencias y una forma de vivir y ver el mundo.
O los tapices medievales que ademĆ”s de decorar, narraban historias de guerras, mitologĆas y linajes en la historia, objetos que hablan y nos muestran un pedazo de lo que algĆŗn dĆa fuimos.
Tal vez por eso los museos nos conmueven tanto. Porque detrƔs de cada pieza hay una vida, manos e intenciones que dejan huellas a su paso.

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Testigos
A lo largo de la historia, civilizaciones han depositado en las cosas su visión del mundo. No es coincidencia que valoremos tanto una silla de la Bauhaus, una vasija japonesa hecha con Raku, o incluso mÔscaras rituales africanas, fuera de la belleza y la función, han visto nuestros caminos, como testigos de una época, de una cultura y de una forma de sentir la vida.
Y es bajo esa misma lógica que debemos abordar los objetos contemporÔneos, aunque rodeados de ruido, producción en masa y obsolescencia programada, aún cargan con ese mismo sentido. Pudiendo ser narradores de la historia de cada uno. Con la diferencia, que esto depende de nosotros y como los entendemos.

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El ahora de los objetos
Hoy en dĆa el diseƱo atraviesa un punto de inflexión, partiendo de dĆ©cadas llenas de funcionalidad y estĆ©tica, estamos redescubriendo el valor emocional, lo inmedible ni en tendencias, aquello que nos llena la casa de sentido.
Ver las cosas como conexiones, puentes entre generaciones y culturas, sin caer en la materialidad y el consumismo, todo lo contrario, encontrar significado en las cosas que creemos valen la pena, acercƔndonos de forma paralela a un consumo mucho mƔs consciente.

Por eso valoramos muchĆsimo lo que nos recuerda a nuestros papĆ”s o abuelos. Lo heredado, los walkmans, los casetes, tazas, joyerĆa, incluso muebles. Todo lo que alguna vez fue cotidiano se convierte en legado.
Es al final del dĆa que aquello que elegimos conservar, nos sobrevivirĆ” y pasarĆ” a ser lo que maƱana nos recuerde quienes fuimos, lo que creĆmos importante.
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